¿Tendremos dietas más balanceadas?

Actualmente la mitad de la población mundial no se alimenta de una forma nutritiva, aunque en algunas regiones del planeta se desperdician hasta el 40% de los alimentos.

Con una tendencia en el aumento de la temperatura ocasionado por el calentamiento global y un crecimiento de la población, la volatilidad de los precios se convertirá en un constante desafío para las naciones, ya que se comprometerá la capacidad del sistema alimenticio, así como la estabilidad social y el bienestar económico. El mundo se enfrentará al reto de crear un sistema eficiente, sustentable, inclusivo, nutritivo y saludable ante la limitante de recursos naturales, los cambios demográficos, las tendencias macroeconómicas, la dinámica geopolítica y las tecnologías emergentes.

Hemos llegado al punto en el que una serie de mejoras ya no son suficientes, sino que se necesita una transformación completa del sistema. Para lograrlo los líderes mundiales deberán propiciar acciones en puntos esenciales para dar forma al futuro con colaboración y dialogo.

Se debe enfatizar la necesidad de que los consumidores adquieran dietas provenientes de cultivos con procesos más eficientes, crear políticas encaminadas a dietas de alimentación más saludables, cambiar el enfoque a la calidad y no cantidad y tomar medidas para ralentizar los efectos del calentamiento global.

El futuro dependerá de las decisiones que tomemos hoy: ¿tendremos dietas más balanceadas? ¿O dietas altas en proteína animal, azúcar, sal y grasas?

¿Las naciones incrementarán su intercambio comercial a través de los mercados globales o tendrán políticas más aisladas a través de las regiones y comercios locales?

Deloitte preparó un estudio en conjunto con el WEF (World Economic Forum), teniendo en cuenta la incertidumbre del futuro y las tendencias alimenticias, en donde llegó a la conclusión de que existe la posibilidad de que el mundo podra llegar a convertirse en uno de los siguientes escenarios:

El primero de ellos sería un mundo de consumo intensivo de recursos naturales y mercados desconectados, lenta economía global y una división clara entre los que “tienen y los que no tienen”. Solo unas cuantas personas pudientes son capaces de producir e innovar para poder cumplir con sus necesidades. Las personas pobres, aisladas o mercados dependientes estarán sufriendo intensa hambre y pobreza. El aumento de la población, la desigualdad y los precios de los alimentos aumentarán los conflictos y la migración y el cambio climático continuará sin cesar. Este escenario lo llamaríamos la sobrevivencia de los ricos.

En el siguiente escenario hay una fuerte conexión de mercados y un consumo intensivo de recursos naturales. Estamos ante un mundo de alto crecimiento en el PIB con un alto costo ambiental. La tecnología ha estimulado eficiencias en la distribución y producción. La obesidad y los costos de salud se han elevado drásticamente mientras miles de millones de consumidores cambian a una dieta de alto volumen, alta en calorías y baja en nutrientes. Regiones con limitado acceso a recursos naturales están teniendo escasez mientras que aquellos con abundantes recursos están bajo presión por actores que buscan más recursos. Los países con bosques tropicales están sufriendo una alarmante deforestación y el aumento en la demanda de comida ha contribuido a acelerar el cambio climático que aumentaría más de 2°C para el 2030 en este escenario.

En nuestro tercer escenario los mercados están altamente conectados lo que permite un aumento de la transparencia de los mercados y el consumo eficiente de recursos ha incrementado la cooperación internacional e innovación, pero dejará a algunos atrás. Hay un movimiento enfocado a la nutrición personalizada y cuidado de la salud y cada vez más personas usan aplicaciones móviles para llevar a cabo sus compras y manejar sus hábitos alimenticios. Las zonas rurales atraen a los jóvenes hacia la transformación del campo por medio del manejo de datos y los gobiernos se han comprometido con el cambio climático, sin embargo, los eventos inevitables de la volatilidad del clima persisten.

En nuestro último escenario, la eficiencia del consumo de los recursos y la baja conectividad del mercado han liderado a un sistema fragmentado donde las naciones dependen de la autosuficiencia. En este escenario los países ricos se enfocan en producir y consumir productos locales mientras que en las regiones que dependen de la importación de alimentos la hambruna se incrementa. Los mercados se vuelven locales con distintos protocolos y estándares. Los consumidores en países en desarrollo redescubren las dietas locales y desarrollan un nuevo respeto por la comida tomando medidas adicionales para reducir el desperdicio de comida. Políticas progresivas han exitosamente reducido el precio de las dietas sanas al mismo nivel que las dietas altas en calorías lo que conllevará a una reducción en la obesidad y enfermedades relacionadas. Por el contrario, naciones sin una buena tierra cultivable tienen problemas para satisfacer la demanda y el hambre se convierte en un foco rojo en estas zonas.

Hay una ventana de oportunidad para los negocios para dirigir el progreso a través de la innovación. Los retos futuros presentan tanto amenazas como grandiosas oportunidades para el sector privado.

Las preguntas serían: ¿en qué escenario queremos vivir y qué estamos haciendo para lograrlo?

El Informador

Por: Redacción3

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