¿Qué impide un acuerdo con Norcorea?

Estados Unidos (24 marzo 2019).- El 2018 fue un buen año para quienes deseamos una resolución pacífica en la Península coreana.

Conciertos de K-pop en el norte, porristas norcoreanas en las olimpiadas del Sur, el cruce de la frontera militarizada por los líderes de ambas Coreas e incluso la primera cumbre entre Kim Jong-un y Donald Trump en Singapur.

Todos estos acontecimientos mostraron que es posible coexistir con Norcorea en base a la diplomacia y sin recurrir a las amenazas bélicas. Abrazos no balazos, como diría el Presidente López Obrador.

Pero eventualmente logros concretos deben acompañar los gestos de buena voluntad que observamos en los últimos meses. La esperanza era que la cumbre entre Kim y Trump en Vietnam, este pasado febrero, resultaría en algún acuerdo o como mínimo con una declaración simbólica tal y como fue el caso en la primera cumbre. Las condiciones parecían estar para que así fuera.  

Tanto Kim como Trump han invertido bastante capital político y necesitan concluir el proceso exitosamente. Kim viajó por más de dos días por tren a Hanoi y Trump se ausentó de Washington en un momento clave para su presidencia (la comparecencia pública de su ex mano derecha Michael Cohen acusándolo de varios crímenes). Ambos querían regresar a casa con avances, pero algo sucedió en Vietnam que descarriló el proceso y ambas partes se fueron con las manos vacías.

Quizás la pregunta no debe ser qué impide un avance en las negociaciones (una pregunta sin respuestas sencillas dado los temas sobre la mesa), sino quién.

Varios expertos, incluido el ex Ministro surcoreano para la reunificación Jeong Se-hyun, creen que el fracaso de la cumbre en Hanoi recae sobre los hombros de John Bolton, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

Bolton fue uno de los principales instigadores en favor de la guerra de Irak y en Washington goza de una merecida reputación de ser un extremista radical en política exterior.

Sus políticas son tan nocivas para la clase política (y ciudadanía) estadounidense que el senado se rehusó a confirmarlo como Embajador ante las Naciones Unidas cuando fue nominado para el cargo por el entonces Presidente George W. Bush.

Tras casi dos décadas del desastre y tragedia de Irak, la mayoría de quienes aplaudieron la guerra en su momento han tenido la humildad para reconocer la magnitud de su error. Bolton no es uno de ellos.

En su visión del mundo, la guerra es la respuesta a toda pregunta. En su juventud apoyó la guerra contra Vietnam, desde la comodidad de las aulas de la Universidad de Yale, ya que él, como muchos otros militaristas de su generación, esquivaron la conscripción militar.

Antes de integrarse al equipo del Presidente Trump, Bolton se ganaba la vida como comentarista político instigando ataques contra Irán, Libia, Corea del Norte, Siria y Venezuela, algo que hoy sigue haciendo desde la Casa Blanca. No es una exageración decir que John Bolton es el personaje más peligroso dentro de la presente Administración.

A diferencia del asesor, Kim Jong-un viajó a Vietnam con dos objetivos muy distintos. El primero, lograr una reducción a las sanciones económicas que enfrenta Norcorea por sus ensayos de misiles nucleares.

El segundo, aprender del modelo económico vietnamita (comparable más no idéntico al chino) con el propósito implementar reformas similares a la economía norcoreana. Kim quiere para su país tasas de crecimiento como las que siguieron a la liberalización que se dio en China en 1978 o en Vietnam en 1986.

Sin embargo, un milagro económico en Norcorea sólo será un sueño mientras se mantengan en efecto las sanciones. Bolton sabe esto y por ello ha presionado para que la línea negociadora de Estados Unidos sea un desarme completo antes de cualquier modificación a las sanciones.

Una postura irracional que es completamente inaceptable para Pyongyang y que tiene como objetivo no un acuerdo, sino que Kim abandone las negociaciones.

Fue esta postura de todo o nada que llevó al fin de pláticas en Vietnam, pero a pesar del retroceso los conductos para el diálogo se mantienen abiertos gracias a la prudencia de los diplomáticos de carrera, pero sobre todo por la loable labor del Presidente surcoreano Moon Jae-in y su Gobierno que han hecho esfuerzos enormes por mantener a los norcoreanos en la mesa de negociación.

Mientras Bolton conserve tanta influencia sobre la política externa de Trump, el futuro de las negociaciones estará en peligro constante. Afortunadamente, Trump parece gustar de reemplazar a su asesor de seguridad nacional con bastante frecuencia ya que tres personas han ocupado el puesto en poco más de dos años.

Esto, sumado su reputación de ser una persona difícil y propicia a hacerse de enemigos entre sus colegas de trabajo, sugiere que quizás Bolton no tendrá suficiente tiempo en el cargo para causar daños irreparables a las negociaciones. El futuro de Corea puede que dependa menos de política internacional y más de política de oficina dentro de la Casa Blanca.

*Miguel Oropeza Caballero es economista político y analista del Asia-Pacífico.

 

Columnista invitado/ Mario Oropeza

Reforma

Por: Redacción

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